sábado, 24 de enero de 2009

Deporte en la infancia sí, pero ojo con la alta competición


Nadie duda de los beneficios de la práctica de actividades deportivas en los niños, pero cuando hablamos de deporte de alta competición la cosa cambia. Tres de de cada 10 jóvenes atletas sufren graves riesgos en el deporte de alta competición.

Los padres proyectan sus deseos en sus hijos

El 70% de los jóvenes deportistas resulta en gran parte beneficiado por el deporte de competición; a veces esta práctica puede ser un serio peligro para el niño. Los niños que practican deporte de élite están expuestos a un mayor riesgo físico e incluso mental. Están obligados a dedicar muchas horas, demasiadas según los expertos, al entrenamiento y además se ven sometidos a la presión psicológica de no defraudar a sus familiares ni a su entrenador.

Julio Artura, miembro de la Asociación Española de Pediatría, insiste en las bondades de la actividad deportiva en menores por ser una forma de prevención de enfermedades futuras como la diabetes y "no sólo de la obesidad". Sin embargo añade que es importante controlar la actividad física cuando se practica a alta escala. Por un lado porque puede frenar el desarrollo físico de los menores y cita el ejemplo de los niños búlgaros que practican halterofilia de forma precoz. "El uso de poleas y pesas a edades muy tempranas frena el crecimiento", por eso tienen ese aspecto "tan chaparro".

Saber digerir el éxito

También recomiendan los expertos que antes de que un niño entre en la alta competición se le someta a un control psicológico. Paulino Castells, psiquiatra de la AEP, asegura que "no todos los menores están preparados para el estrés que supone esta práctica deportiva". Se les somete a un rendimiento máximo, a una obediencia constante, dificultando las expresiones de individualidad y libertad. Esto hace que sea "más frecuente en ellos la aparición de cuadros de estrés, ansiedad e incluso de depresión".

Deben realizar entrenamientos intensivos, muchas veces están aislados en escuelas especiales y además se ven sometidos a la presión de superarse a sí mismos y mejorar. Los padres son a veces los causantes de este problema porque proyectan en sus hijos lo que a ellos les hubiese gustado ser. "No se puede preguntar a un hijo nada más llegar a casa '¿has ganado?', lo importante es jugar", dice.

Y una vez que se triunfa, el menor tiene que digerir el éxito. Portadas de periódicos en los que se les define como 'los mejores', 'el deportista revelación', 'la esperanza de un equipo'... no favorecen su desarrollo psicológico y "hay millones de ejemplos de jóvenes entronizados que han acabado mal". Ahí sí que es importante el papel de la familia para que canalice esta información.



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